Una nostalgia llamada Salvador

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Nostalgia y emoción

Cuánto se anhela un abrazo, caminar por las calles de Salvador, una fiesta …

Ha pasado otro mes desde que comenzaron las medidas para controlar el nuevo coronavirus. La cuarentena es una adaptación a una nueva normalidad. Las vidas se han convertido en nuestros espectáculos, círculos de charlas y conferencias. En las aplicaciones, las caritas, una al lado de la otra, ahora son como nuestras reuniones de amigos en Largo da Dinha en las noches hervidas de Rio Vermelho. Los encuentros y desencuentros ahora solo cuando encontramos con alguien en el mercado. Gritar desde la ventana: “Eu falei Faraóóóó”(trecho da música Faraó) se ha convertido en la parodia más afectuosa a: “¿Amigo, dónde estás?”

Cuánto se anhela caminar por las calles de Salvador. Es con este sentimiento que el Ayuntamiento de Salvador, a través de la Secretaría de Cultura y Turismo (SECULT), lanza la campaña “Uma saudade llamada Salvador”(Una nostalgia llamada Salvador). Una serie de contenidos digitales sobre recuerdos de la capital bahiana, divulgada aquí en el sitio web salvadordabahia.com y en Instagram @visitsalvadordabahia.

El objetivo es mantener viva la memoria de Salvador para los turistas y soteropolitanos(de Salvador). “La única forma de visitar Salvador, en ese momento, es a través de los recuerdos. El reto de la campaña es agudizar lo sensorial e imaginario de las personas, y con ello despertar buenos momentos, haciendo que Salvador sea recordada y revisitada. Además, transmitir esperanza, ya que es también uno de los objetivos de la campaña”, lo resalta el Secretario de Cultura y Turismo, Pablo Barrozo.

El video te brinda una revisita en la ciudad, sentir la brisa del mar e incluso sentir el olor del acarajé. Una mezcla de sentimientos. Una verdadera emoción.

¿Y qué es lo que más anhelas?

Uma saudade chamada Salvador. Pôr do sol.

Este año, el forró no tuvo lugar en la plaza y ha faltado beber licor para celebrar San Juan, ver los majestuosos bailes alrededor de la hoguera en la Fiesta del fuego de Xangô(Festa do fogo de Xangô). ¿Y qué es lo que más anhela el soteropolitano? Gente afectuosa que, arriesgamos decir que, primero, el abrazo, segundo, las fiestas, y tercero, las feijoadas(comida típica brasileña con frijoles), guisos y carurus con la familia y amigos alrededor de la mesa.

Pero Salvador tiene eso. Aquí, se echa en falta las cosas sencillas, como ir a comprar flores en Dois de Julho y pasear en la Avenida Sete. Ganas de ver el estadio Fonte Nova lleno para un clásico partido de Ba-Vi(Bahia y Vitória). Comer acarajé en la calle, donde las colas se convierten en puntos de encuentro. Los viernes, día para vestirse de blanco, ir a la misa en la Iglesia de Nosso Senhor do Bonfim (Nuestro Señor de Bonfim), atar otra cinta en brazo y pedir protección.

Una nostalgia llamada Bonfim

Pasear en las ferias, la feria en Sete Portas, descrita en la novela por Jorge Amado, o la Feira en São Joaquim, con sus barcos atracados y su tradicional samba los domingos. Comprar seriguela, mangaba, cajá, cajá-umbu, umbu (frutas nativas de Brasil) y anacardo, frutas que utilizamos en las roskas, pero que también encontramos en los helados de la Sorveteria da Barra(Heladería), Ribeira, Laporte (en Pelourinho) e incluso en los sabores de los famosos licores de las monjas del Convento do Desterro.

Desde el paseo por el Centro Histórico hasta el queso de cuajo en la playa …

Uma saudade chamada Salvador. Porto da Barra e o Farol ao fundo.

Lo bueno es que esta nostalgia afirma cómo nos gusta nuestra forma de ser, nuestra vida cotidiana y nuestra cultura. Tomando en serio la fase de aislamiento social, la ciudad vuelve a la normalidad y podremos transformar en planes cada uno de estos recuerdos. Como por ejemplo caminar por las calles del Centro Histórico, hacer una foto genial desde la terraza del Palácio Rio Branco, teniendo el Elevador Lacerda al fondo y luego aprovechar e ir a tomar un malteado de coco en la Heladería A Cubana. Con un poco de suerte, podrás encontrar el Bloco Olodum(bloque) por las calles de Pelourinho y dejarte llevar por esta musicalidad.

Se echa de menos ver Caetano tomando un bronce en Porto da Barra, comer brochetas de queso de cuajo, acarajé en trocitos y helado en paletas de Capelinha a la orilla de la playa. Se echa en falta la playa concurrida un “lunes gordo” en Ribeira, o pasar la tarde en Itapuã, disfrutar de las piscinas naturales durante la marea baja o hacer un SUP en la Rua K(Calle).

Una nostalgia llamada Porto da Barra

Un paseo en barco, un pescado para el almuerzo, una fiesta en Rio Vermelho

Uma saudade chamada Salvador. Ilha dos Frades. Ponta de Nossa Senhora de Guadalupe.

Ya está en la lista saltar del trampolín en Porto y en São Tomé de Paripe. Y eso incluye también puedes tomar un bote a la Ilha de Maré(Isla) solo para tomar una foto en la Iglesia en la Praia das Neves(Playa). O, a lo mejor, reunir amigos, contratar un bote e ir parando hasta la Ilha dos Frades, pasar el día en Ponta de Nossa Senhora de Guadalupe y Loreto.

Se echa de menos pasar un día entero en Solar do Unhão y Gamboa. Relajarse en la playa de piedrecitas, comer una moqueca de arraia en Doña Suzana o un pescado frito en el Bar A Novidade, o incluso tomar un bote hasta el Bar da Mônica y disfrutar entre una bebida helada y un baño de mar.

Ganas de turistear, de hacer una foto en frente al mosaico de alas en Rio Vermelho, obra del artista plástico Bel Borba, o la escultura Odoyá de Ray Vianna que están en la misma orilla de la playa. Quedar allí haciendo un pre calentamiento, luego ir a cuantas fiestas el cuerpo puede aguante.

Una nostalgia llamada Rio Vermelho

Qué ganas de comer en la calle

Cuando termine todo eso, las aplicaciones de delivery de comida no nos van a ver por mucho tiempo (risas). Es que de verdad nos gusta comer moqueca frente al mar. Si estás almorzando allí en Pedra Furada, sugerimos que termines el día en Farol do Humaitá(Faro) viendo aquella espectacular puesta del sol. Contando los días también para tomar un bote en Ribeira e ir a Plataforma, en el Subúrbio Rodoviário, para comer algunas delicias allí. Los bares de Mouraria entran en la lista de deseos post-cuarentena, donde con sus mesas en la calle sirven entre muchas otras cosas, lambreta – molusco nativo de la Bahía de Todos los Santos – pastéis de pulpo(un tipo de empanada frita), aratu y cangrejo.

Cuánto se echa en falta una juerga cultural

El anhelo de disfrutar de la programación musical de los bares y restaurantes en el barrio más encantador de la ciudad: Santo Antônio Além do Carmo. Y aún quedar ” de keke” * en el bullicio que se extiende a la calle.

Y entonces ya recordamos el gengibrinho y el cravinho(bebidas hechas con jengibre y clavel de olor), un clásico combo etílico clásico para las juergas, y también ver los shows en Concha Acústica, Campo Grande y en las plazas de Pelourinho.

Definitivamente se incluye en la lista asistir a obras de teatro en el Teatro Gregório de Mattos, Vila Velha, Castro Alves y muchos otros espacios culturales, y terminar la gira en una brillante noche de excelencia musical en JAM do MAM.

Una nostalgia llamada Salvador sería la vibración musical presente en cada rincón, esa sonrisa del encuentro, los colores del cielo, lo sencillo y sobre todo lo que es raíz.

Como dice ese viejo cliché: a veces valoramos mucho más las cosas cuando las perdemos. Y ahora que “hemos perdido” temporalmente la libertad de ir y venir, definitivamente vamos a valorar aún más cada batuque de tambor, cada gota de aceite de dendê(palma), cada puesta del sol, cada paseo pedaleando en el calor de la orilla de la playa, cada brisa con olor del mar que nos toca la cara. Salvador es hecha de grandes celebraciones y mucha euforia, pero también de pequeños detalles y sencillas manifestaciones de la naturaleza que calientan nuestros corazones.

Por Fernanda Slama
Coordinadora de contenido del portal

Nota: Nuestros sentimientos y apoyo a todas las personas que perdieron a sus seres queridos durante la pandemia del COVID-19.

Argot – quedar “de keke” * – en el contexto en el que se encuentra en este texto significa estar a gusto con amigos sin muchas pretensiones o planes; camaradería.



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